17 de abril de 2011

Hemingway y Baroja

Ernest Hemingway admiraba profundamente a Baroja pese a que éste siempre le consideró “un putero bon vivant lleno de dólares”. Estando don Pío ya muy enfermo, el americano persiste. Baroja, que guarda cama, no puede evitar su sorpresa:

-“Coño! qué hace éste aquí!”.

-“Maestro, he venido a decirle que usted merecía el premio Nobel mucho más que yo. Y mucho más que Unamuno, que Azorín, que Machado, que....”

Baroja le interrumpe: “Bueno, pare, pare, que como siga usted repartiendo el premio, vamos a tocar a muy poco!”

Ese día Hemingway le regaló un ejemplar dedicado de su  “Adiós a las armas”, una botella de Whisky y unos calcetines, si bien ya era demasiado tarde para disfrutar de la nueva amistad.